La verdad es que fue precioso. No sabemos la sierra y paisajes que tenemos... Atravesamos puentecillos, seguimos una senda preciosa siempre cerca de arroyos que desembocarían en el Manzanares e incluso las profes nos dieron permiso para ir de piedra en piedra atravesando riachuelos. Hicimos varios parones para tomar la fruta o el bocata siempre a la sombrita porque nos hizo un día precioso, pero de mucho calor.
Y después de jugar un ratillo nos volvimos de nuevo. ¡Un día para recordar!


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